cuando escribo ya no me siento sola
¿qué es la soledad para ti, ainoa?
llevo dándole vueltas a esta pregunta muchos meses. siempre digo que me da miedo la soledad, pero en realidad no sé lo que significa eso.
supongo que lo que me asusta es despertar un día y no reconocerme en los ojos de nadie más.
cuando era pequeña mi película favorita era coraline. en realidad no me gustaba verla, sufría un montón y siempre pedía a mi padre que la quitara. pero cada vez que volvíamos al videoclub volvía a pedirle que la cogiera.
¿qué era lo que me daba miedo de coraline? la escena en la que coraline vuelve a cruzar el túnel de vuelta a casa y sus padres ya no están. y esa sensación fría, la comida podrida sobre la mesa, todos los recuerdos de esa casa que hasta hacía poco no era ni había sido hogar para ella. la horrible sensación de impotencia y soledad que se siente cuando coloca unos cojines a su lado para sentir que duermen con ella. el pequeño instante en que cree que los ha perdido para siempre, que nunca volverá a verlos. eso, justo eso, es para mi la soledad.
para mi soledad es no tener un hogar al que volver. que no haya camino de vuelta a casa. tumbarte en una cama fría, cerrar los ojos y oír solo silencio. silencio. ningún grito, ni la risa de mamá acariciando al perro, ni un solo ladrido más, de esos que se te clavan en la sien y juras no querer volver a escuchar. soledad es una frase que un día, a los doce años, me dijo una amiga: ¿te imaginas el día que dejes de escuchar el sálvame desde tu habitación? nada nunca me había atravesado tanto como aquella pregunta. entonces, cada tarde, religiosamente desde hacía ya muchos muchos años, mi madre encendía la tele y dejaba sonando de fondo sálvame mientras doblaba la ropa. aquella tarde sonaba la tele y mi amiga y yo nos reíamos porque ya era rutinario. aquel programa de señoras. pero aquella vez era distinto. hacía unos meses teníamos su diagnóstico. lo que mi amiga me estaba preguntando no tenía nada que ver con aquel programa de televisión, ni siquiera con el ritual de mi madre.
por primera vez en aquellos meses visualicé aquella casa vacía. vacía y callada a las cinco de la tarde. no más olor a ropa limpia. no más gritos desde el televisor. silencio. y yo, allí, en medio.
soledad.
soledad es la caída de todo lo que conoces. olvidar a qué olían tus padres. no volver a escuchar la risa de mamá, ni sentir el suave tacto de sus manos. soledad es que tu padre no vuelva a abrir la ventana de tu habitación cuando pone una de vuestras muchas canciones favoritas. soledad, para mi, es perderme el brillo en la mirada de la gente que quiero. es que mi padre no tenga a quién decirle que echa de menos a su madre y que yo no pueda abrazarle y permitirle hacerse pequeño. soledad es no poder limpiar las lágrimas de mamá cuando ya no puede más. soledad es que tu hermano deje de venir a molestarte cuando se aburre y a contarte todos sus sueños. y saber que se cumplirán, pero mirarlo escéptica. es no poder abrazar a tu perro por las mañanas, ni siquiera reñirle para que deje de ladrar y luego llenarlo de besos incoherentemente.
cuando era pequeña, en mis peores sueños siempre me perdía y no sabía cómo volver a casa. todavía, a veces, sigo soñando cosas así y vivo con el miedo de despertar y que no haya alivio, no tener a quién contarle lo que he soñado y que nadie me abrace y me confirme que ha sido solo un sueño.
siempre he dicho que nunca me iré de casa.
de pequeña no quería ir a ver a mis abuelos porque tenía que despedirme de mi padre, que se iba luego a trabajar. lloraba siempre que se iba, pero luego pasaba el día y dejaba de doler. cuando mis padres volvían a buscarme, me abrazaba a la falda de mi abuela y lloraba porque ahora era a ella a la que no quería dejar. la cuestión era siempre llorar, siempre esa sensación de pérdida y la necesidad de aferrarse a lo intangible. una pequeña, enana, diminuta, parte de mi, ya sabía, muy pronto, que todas las cosas un día dejan de ser. y así ha sido, hemos visto ir a muchas personas. ya no recuerdo el olor de la bata de mi abuela al abrazarla, ni siquiera la sensación de despertar en su casa y perseguir por el pasillo la luz de la cocina y ver la forma de su figura a través del cristal borroso de la puerta. ya no sé cómo se sentía el tacto del interior del coche de mi abuelo porque hace ya muchos años que no conduce. apenas recuerdo las últimas navidades que pasamos todos juntos. ya hace muchas navidades que no hay navidades. se han perdido tantas cosas… yo las lloré todas antes de perderlas. pero llorar no impide que las cosas se acaben. se lloran antes, se lloran después… se lloran siempre. el vacío queda siempre.
quizá sea cierto, quizá nunca me vaya de casa. pero he asumido que los veré irse a todos, poco a poco. tendré que acostumbrarme a ver cuartos vacíos y a que el ruido ambiente ya no sean ni quejas, ni carcajadas, ni el sonido del ventilador de nadie. que aunque no me vaya de casa, un día mi casa ya no será mi casa. y todavía no puedo ni sé si podré nunca asumir el silencio después de todo eso.
creo que no hay nada que me dé más miedo que despertarme y saber que cuando salga de la habitación nadie estará esperándome. que mi hermano no abrirá la puerta y dejará entrar al set para que me salude. que nadie me echará ninguna puya por despertarme tarde, que no podré abrazar a mi madre porque la note muy suave. que no habrá nunca más delante de mi la posibilidad de ver a mis padres juntos, riéndose el uno del otro mientras la casa huele a café y a humo de cigarro y mi madre se queja de las bromas de niño pequeño de mi padre. nada me da más miedo que echar de menos todo esto y que un día no haya nadie que pueda decirme: seguimos aquí. porque la tele del comedor haya dejado de sonar y nadie me espere ya para comer, ni para cenar… que nadie me espere cuando vuelva a casa, no tener a quien abrazar cuando estoy mal, que nadie pueda nunca más limpiarme las lágrimas. que nadie sepa nunca más que estoy llorando. y que ese piso, el piso en el que crecí y en que todo esto tuvo un día sentido, se me quede grande y frío y ya no sepa qué ventana cerrar para que no haya corriente.
para mi esto es la soledad. no poderme mirar nunca más en los ojos de mis padres. verlos morir. que un día sea demasiado tarde. siento que yo no he nacido para soltar. que todo siempre se me quedará dentro, por eso a veces me duelen las piernas, y un día quizá ya no pueda caminar del peso de sostener tantas cosas. pero todo sea por no dejar ir el recuerdo de un hogar que siempre será mío mientras todavía lo nombre. porque cuando escribo es como si todo pudiera detenerse, por un momento.
cuando escribo ya no me siento sola. todos siguen aquí, donde los dejé.


Hermosa reflexión.
vaya pasada, me he sentido absolutamente desprotegido y abrazado con el texto, gracias 🫂